Como es costumbre voy a iniciar este post con algo que parece no tener nada que ver con el tema pero que tiene todo que ver con el, una pequeña historia que leí hace 6 años y que por razones de espacio haré más pequeña aún según lo que recuerdo:
Un niño va al circo y como muchos otros niños su animal favorito era el elefante. Después de la función el niño va a visitar al elefante y se da cuenta de que el enorme animal a pesar de su fuerza descomunal está encadenado a una pequeña estaca de madera enterrada unos centímetros en el piso. Obviamente un animal que podría arrancar un arbol de raíz podría fácilmente deshacerce de la estaca e irse. El niño obviamente pregunta porque el elefante no se va, su padre le contesta “Porque está amaestrado” a lo que el niño contesta “¿Si está amaestrado entonces por qué lo encadenan?”, no hubo respuesta. Pero un día alguien muy sabio contestó “Lo que pasa es que el elefante ha estado amarrado a una estaca como esa desde el día en que nació”. Lo que pasó fue que el pequeño elefante empujo, jaló y golpeo esa estaca hasta el cansancio sin resultado, tal vez por horas, días, semanas, quien sabe, hasta que un día dejo de intentarlo y como todos sabemos los elefantes tienen muy buena memoria, así que nunca más lo volvió a intentar…

Esta historia que aparece al inició del libro Recuentos para Demián nos dice que todos somos un poco como ese pequeño elefante, tenemos un montón de pequeñas estacas que alguna vez fueron obstáculos y que nunca volvimos a cuestionar.
En su conferencia Creativity and play Tim Brown nos dice que conforme crecemos aprendemos a temer el juicio de los demás y eso es un obstáculo para la creatividad. Un niño es como un disco en blanco, está ansioso de explorar el mundo y no teme nada puesto que no sabe lo que es el miedo y los posibles riesgos que el mundo tiene. Por eso los niños tienden a ser más creativos, porque tienen menos frenos, menos prejuicios, menos ideas preconcebidas por otros que son como pequeñas estacas perdidas en algún lugar de nuestra memoria y que nos hacen adultos conservadores, temerosos del que dirán y del futuro. Como adultos tendemos a darle nombre a las cosas, categorizarlas, clasificarlas, ordenarlas por temor al caos y a lo desconocido, una vez que un perro tiene nombre le tememos menos por que ahora es algo conocido, identificable y medible. Pero conforme el sistema educativo nos guia hacía el pensamiento convergente lentamente las herramientas que nos ayudan a ser más creativos caen en desuso y se pierden en algún momento de nuestro desarrollo.

Los prejuicios, los miedos, las etiquetas y todas esas construcciones de la mente nos ayudan a sentirnos seguros del caos, lo desconocido, lo que no podemos controlar pero también son como pequeñas estacas regadas en el camino que nos encadenan y nos impiden seguir avanzando en nuevas direcciones. Las personas que trabajamos en procesos creativos entendemos lo que se siente estar en el lugar del elefante y luchamos día a día para arrancar todas esas estacas que nos impiden VER realmente e IR a lugares nuevos y sorprendentes, lugares a los que el miedo y los juicios no nos permiten ir.
Seeing is forgetting the name of the thing one sees
Lawrence Weschler






